No fue suficiente

A veces el amor no es suficiente, aunque siempre resulta no siendo amor.

NO FUE SUFICIENTE

Lo dejé todo por vos y no fue suficiente. Creí que si te daba exclusividad en mi mundo, podríamos sobrevivir a las desgracias de la sociedad. Estimé que si te dedicaba todo mi tiempo y te regalaba todo lo bueno que me quedaba, llegaría a hacerte feliz. Supuse que haciéndote lo más sustancial, rasgaríamos el infinito. Te quise tanto que me olvidé de quererme a mí mismo. Lo siento, siempre estuve terriblemente equivocado al respecto. Tarde comprendí que al dar todo, uno se queda en la nada; y allí no puede valerse por sí mismo. Me di cuenta que cuando se entrega la propia esencia, cuando se revelan todos los secretos, cuando ya no te quedan cartas ni ases bajo la manga, es cuando uno deja de ser importante, pierde el valor e interés y deja de ser necesario.

Nunca es suficiente

Es una falla crítica de la civilización actual; al parecer la mente rechaza aquello que no le presenta desafío, lo que le llena de seguridad y le es accesible sin esfuerzo. Pero uno generalmente lo descubre cuando es demasiado tarde. Creo que está a la vista, e incluso es algo comprobable analizando los propios comportamientos; de igual manera nos cegamos ante la idea y reincidimos torpemente en nuestro error, una y otra y otra vez. Lo cierto es que vivimos arruinando los momentos, siendo las víctimas o los verdugos, alternando nuestro estado entre ambos, de acuerdo a quien tenemos en frente. Creo que debemos limar más asperezas en nuestra mente, nuestro corazón y nuestro alma. Todavía estamos a tiempo de mejorar. Recordemos, de acá en más, mantener algo de nuestro para nosotros mismos. No todos estamos listos para sobrellevar de manera altruista la existencia entre un entorno con tanta densidad. Vamos, comencemos ahora, no dejando tampoco que nos entreguen la vida, aun estando en condiciones de abrazarla y protegerla.

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Nos malgastamos – Lastimosamente

Malgastamos las relaciones

Malgastamos momentos

Malgastamos momentos

Claro que malgastamos momentos, hay que aceptarlo. Vos con tus miedos infundados, yo con mi ego inalterado. Tomemos consciencia de todo lo que perdimos, de los instantes que se nos escaparon; la idea no es lamentarnos y herirnos, sino aprender de todo en lo que hemos fallado. Sin dudas que nos malgastamos cuando elegimos distanciarnos, en vez de comprendernos y mutuamente ayudarnos; cuando despreciamos lo que uno hace por el otro, sin valorar su esfuerzo; cuando no nos hacemos cargo de nuestros errores y, en vez de eso, las culpas cruzamos. Elementalmente nos malgastamos cuando tiramos de la cuerda por ambos lados, en sentidos opuestos, en vez de potenciarnos en la misma dirección; cuando callamos lo que nos daña, en vez de conversarlo, o nos entregamos a la inacción; cuando actuamos sin considerar las heridas que podemos ocasionar a nuestro par.

Resulta penoso

Es un hecho que malgastamos nuestra unión con penas innecesarias, muchas veces hasta inexistentes; por escuchar más a los demás que a nuestros corazones; cuando dejamos que se marchiten lentamente nuestras ilusiones sin luchar por ellas; cuando hacemos malversaciones de las cosas bellas.

Realmente embarramos al amor en el momento en el que no lo cuidamos, cuando lo rechazamos o huimos de él, cuando no le somos fiel y lo engañamos con mentiras, generando averías, convirtiendo miel en hiel. Malgastamos nuestra piel cuando jugamos sin medir las consecuencias, a nuestro alma cuando obviamos la clemencia y a nuestro corazón al actuar con desencanto; necesitamos cambiar el llanto por un sinfín de sonrisas y hacer que una brisa fresca se apiade de nuestro dolor. Debemos hacer lo mejor por repararnos, rearmarnos y reivindicarnos, ante lo que con nuestras propias manos hemos malogrado.
Nos malobramos, dalo por sentado, cuando callamos varios “te quiero”, por incurrir al miedo infundado de un enlace certero, entre dos almas golpeados.

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GRITO DE LIBERTAD

GRITO DE LIBERTAD

Libertad ante todo

Representación de libertad

Un sentimiento Insurgente ha brotado desde el sector más inexplorado de mi alma; una pertinaz sensación de éxtasis liberal, de rebelión revolucionaria, una necesidad de expresión. No quiero ser más un sumiso del silencio, un agazapado ante el poder, un esclavo de las tristes reglas sociales. Ya me mantuve por mucho tiempo aletargado, narcotizado por los miedos infundados, enajenado en un ocaso que me agobia lentamente y me carcome sin cuidado.

Hoy hay algo que ha despabilado, una chispa se ha encendido; se ha enardecido el fuego que permanecía enceguecido, ofuscado por la presión que en él había ejercido. Decreto que quede absorta mi quietud; que reanimo todo lo atónito; que despojo lo que sobra, lo que daña y lo que amenaza con derribar este talud.

Ahora estoy lúcido, discernido; lo siento, lo aseguro. Todo lo que estaba apaciguado lo revivo, a todo lo impasible con dosis de energía lo activo. No voy a estar más abatido, ni desmoralizado; mucho menos apático y contrariado; me siento vivo y pleno, digno de desplegar mis alas en un eterno vuelo, sin contrapesos, sin recelos, sino estorbos.

Me mantengo entusiasta y afanoso; deseoso de victorias y de gloria; soliviantado de lo denso, de lo oscuro, de lo que es propenso al fracaso. Me volví incorruptible, inmutable a los verdugos; poderoso ante el yugo de los opresores. Mis pasiones son las que me hacen libre de agresiones, violaciones y perturbaciones inadmisibles.

Ya fui lo suficientemente cándido y crédulo, he depositado una confianza exacerbada en un sistema que no responde. Es tiempo de afianzar lo Irresoluto, de aclarar lo llano; llegó la hora de surcar los confines de lo inconexo y de darle sentido a lo amorfo, a lo desabrido, a lo brusco. Le pongo un final a mis pesares. Le doy la bienvenida a mis más hipnóticas fantasías. Hoy cruzo la línea hacia la libertad absoluta.

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Diferente

Diferente

Sé diferente, sé especial

Único

Sos diferente al resto, jamás lo dudes.

Verás, yo no soy quien para decirte que hacer. No conozco tus pensamientos, ni sentimientos. No sé de tus miedos, ni tus alegrías; nunca entenderé de tus pesares, tus esperanzas, ni tus melancolías. No estoy al tanto de los hechos de tu pasado, como para entender tus comportamientos ante las situaciones que te abordan. Cada individuo es un mundo aparte; por lo que tu Universo es único y diferente al de todos los demás. Lo que intento decir es que no existe nadie que puede tomar tus propias decisiones; porque, aunque logren ponerse tus zapatos, jamás tendrán tus pies. Sos la única persona capacitada para evaluar cuales son tus mejores opciones con las herramientas con las que contás, ante los problemas que sobrevienen en tu camino.

Insisito: Sos diferente al resto, por eso no aplican las mismas respuestas a preguntas idénticas.

Sos un organismo particular, con inteligencia propia y una capacidad de razonamiento que, aunque pueda asemejarse, no idéntica a ninguna otra. Tenés lo que se necesita para superar los obstáculos, pero es necesario que confíes en tu valor como ser trascendental. No te digo que la idea es enceguecerse e ir transitando la vida sin escuchar a nadie; lo que te pido es que no te dejes convencer de algo que todos asumen como cierto. Aquello que la sociedad ha impuesto, no necesariamente es lo correcto. Hacé notar tu peculiaridad, no seas un clon de los estereotipos sociales.

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Dulce Recuerdo

Dulce recuerdo

                Dulce recuerdo

No eras perfecta por tu sonrisa, ni por tu mirada
no fuiste única por ser tan bella y adorable
te amé porque lo que me hiciste sentir fue inexplicable
y me elegiste, a pesar de que no te podía dar nada

No fuiste especial por ser tan tierna y cariñosa
tu magia, nada tenía que ver con tu cuerpo;
pero fuiste mi vida, porque al marcharte me dejaste muerto
y sigo en pie por tu recuerdo, pues puedo verte en cada cosa…

No te ame por lo que todos te deseaban
me demostraste ser diferente al resto;
lo fuiste todo porque me amaste, y si ahora te escribo esto,
es para demostrarte como tu presencia me inspiraba…

No me iluminabas por el brillo de tus ojos, ni de tu cabello,
mi felicidad no se debía a tu voz tan dulce y sincera;
con cada aliento, cada suspiro, me hacías sentir lo mas bello,
no sé porque me elegiste, si pudiste tener a cualquiera

Eras perfecta por tu nobleza, tu sencillez y tu honestidad
fuiste especial porque cada acto, lo realizabas con amor
fuiste mi vida y mucho más, y al no tenerte siento dolor;
pero me queda el mejor recuerdo, saber que nos amamos en verdad

Por tu recuerdo, seguí en pie, pude crecer y volver a reír;
por tu recuerdo aprendí a ser feliz, apartar la angustia y dejar de sufrir.

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Desapego- El acceso ascendente

Entrena tu

desapego

 

Primero, antes de comenzar con este entrenamiento de desapego, es fundamental
que entiendan que nada de lo que tienen les pertenece; que
no son nada de lo que creen ser; que cualquier idea que tengan
sobre ustedes es incorrecta; que no necesitan a nadie para ser feliz.

 

Aferrarse a los objetos o a las personas es un acto de auto-esclavitud.
Depender de algo, ya sea material o intangible, es un gran
error que nos ata a la densidad y nos lleva al sufrimiento.
Ponerse títulos, creerse de determinada manera, colocarse en
cualquier pedestal fijo, también son errores comunes. Si bien son
cosas que obedecen al ego y hasta cierto nivel evolutivo es necesario,

lo cierto es que nos convierte en seres vulnerables y nos encasilla en
una posición estática, siendo seres libres y, por lo tanto, dinámicos.
Para entrenar el desapego, los ejercicios son sumamente sencillos,
pero es posible que les cueste horrores realizarlos. Esto se debe a que
deberán aprender a desapegarse, desapegándose progresivamente.

Justamente el desapego requiere un adiestramiento en forma de hábito.
No hay demasiado truco, esto no es ningún secreto. Lo primero
que tienen que hacer, si quieren comenzar a ser libres, es ir a su
armario, seleccionar ropa que no usan frecuentemente, colocarla en
una bolsa y donarla. Es un ejercicio que deberán repetir, a medida
que vayan adquiriendo ropa nueva. Dejar ir aquello que no necesitamos
es la clave fundamental de estos ejercicios. De más está decir
que, al liberarse de cosas materiales, también estamos ayudando a
personas que necesitan aquello que a nosotros nos sobra y que, sin
darnos cuenta, nos hace daño (puesto que nos hace esclavos).
Este ejercicio se puede realizar con cualquier objeto material y
“sin vida” que pase por su cabeza, desde juguetes, hasta muebles;
todo lo que no nos sirva, nos obstruye y puede servirle a alguien
más. Si todos en el mundo aplicaran este concepto, créanme, no
existiría la indigencia involuntaria.

comienza a ser libre

El otro ejercicio, apunto a lo inmaterial, tal vez sea el más difícil
de aplicar; puesto que nos encerramos en la idea de que otras personas
son necesarias en nuestra vida.
Entonces, voy a ser claro.
Si no te agrada tu trabajo, comienza a buscar otro que se adapte
más a tus gustos y necesidades.
Si no te hayas en tu familia, comienza a juntar recursos y toma  algo de distancia.
Si te sientes aferrado a una persona que te hace daño, toma distancia,
lentamente. Graba en tu mente la idea de que tu vida existía
antes de ella y que seguirá existiendo después. Concurre a lugares en
donde puedas conocer otras personas fácilmente, tal como gimnasios,
bares, iglesias, institutos (de acuerdo a tu personalidad). No te
aísles, no te encierres. Sufrir solo hace que sufras más. Demasiadas
lágrimas no calman el dolor, lo intensifican, porque el impacto negativo de una impresión es momentáneo; aunque uno lo extienda absurdamente en el tiempo.
Por último, debes criticarte y dejar que te critiquen. No eres perfecto,
no eres superior a nadie. Muestra tus defectos, pues son una
belleza. Deja de esconderte bajo las apariencias, no es necesario que
mientas. No hay nada más puro que la verdad y nada más perfecto
que la realidad. Lo que no te agrade siempre podrás convertirlo en
tu mayor fortaleza, aplicando la ley de los opuestos.
Anota en una hoja lo que no te agrade de ti. No dejes nada afuera.
Luego conversa con una amistad, alguien de confianza, y comparte
lo escrito. Deja que te diga en qué tienes razón, en qué cree
que no y qué cosas agregaría a tu lista. Luego, busca una amistad
más lejana, y haz lo mismo, así hasta realizarlo con desconocidos.
Cuando alguien marque un defecto tuyo, ríete, asiente y entonces,
el defecto desaparecerá.
¿Acaso no se trata de esto la magia?

 

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Ámame si puedes-Quemando etapas

Ámame si puedes- Quemando etapas

Quemando etapas- Cap I

Portada quemando etapas

Quemando etapas

Nueve meses pasaron desde que ella y yo volvimos a convivir. Estoy escribiendo esto como si fuese un diario, parte presente de mi vida. De todas maneras, les recuerdo, nueve meses pasaron y fuimos quemando etapas. Me gustaría resumirles las cosas sucedidas en ese período, pero antes, debo decirles que no estamos en nuestro mejor momento. Mejor dicho, directamente no estamos.

Intentamos volver a empezar y creo que lo logramos, claro está, solo en cierto punto. Los primeros días fueron como una luna de miel, donde los hechos oscuros sucedidos en la brevedad del pasado, eran más olvido que recuerdo. Todo parecía ir muy bien: las cosas en mi trabajo mejoraron, ella consiguió un empleo mejor que cualquiera de los que había tenido antes, nuestro amor parecía haber borrado todas las manchas que se nos habían generado en el alma y el corazón. Todo simulaba marchar a nuestro favor, pero solo simulaba. En mi interior, aún quedaba un absurdo resentimiento que, si bien no mostraba, tampoco podía eliminar; del interior de Gisel, brotaba un miedo que yo podía oler y que, aseguro, antes no existía. Ambos ocultamos y obviamos esas negritudes lo mejor que pudimos, el mayor tiempo que nos fue posible. Lo hicimos bien, sostuvimos una mentira por varias semanas, siete u ocho, quizás. Pero así no se puede vivir, mucho menos amar. Nuestra unión ya no era inmarcesible, se había tornado muy susceptible, carente de toda coraza.

Poco a poco, los vestigios de sentimientos machacados que manteníamos en silencio se fueron revelando; poco a poco y quizá sin darnos cuenta, nos declaramos mutuamente una guerra fría sentimental que nos fue quemando por dentro. Supongo que nada de lo que hicimos fue malintencionado, yo seguía priorizando su felicidad ante la mía y creo que ella también lo hacía. El problema fue que necesitábamos descomprimir todo eso que, insulsamente, contuvimos para tratar de no herirnos y, en consecuencia, nos herimos doblemente. Reclamos, discusiones, peleas sin sentido; silencios, vacíos; reconciliaciones. Cíclicamente nos fuimos desgastando, absorbiendo energía del amor y polarizándola en su opuesto: el miedo.

Así pasamos el resto de los días y de las noches, destruyéndonos y reinventándonos; así sobrevivimos hasta anoche. Yo no lo soporté más y le pedí que se vaya. Tuvimos una pelea intensa, donde dijimos cosas que no sentíamos; palabras letales, que nos tocaron el corazón y lo quebrajaron. Hablo por ambos porque somos lo mismo. No se olviden que, a pesar de todo, ella es la elegida y que todos mis sentimientos y pensamientos son extrapolables a ella y viceversa.

No quiero comentarles demasiados detalles del infierno que se desató ayer, exactamente en este cuarto, en donde ahora estoy escribiendo; creo que no estoy listo para reproducir, sin quebrantarme, esos hechos. Lo cierto, es que ahora me encuentro sumido en la soledad más absoluta y no puedo dejar de pensar en ella. ¿Era necesario que todo esto transcurra de esa manera? ¿No se le puede ganar a la densidad en esta vida? ¿No puede uno ser feliz y estar en calma por siempre? Si bien son todas preguntas retóricas, necesito planteármelas y reflexionar. Siento un vacío interno insufrible, una angustia indomable, una repulsión hacia mí y hacia el resto del universo que me resulta inexplicable. Hoy no tengo fe, ni esperanzas, me siento vencido por la tragedia de mi existencia, no lo soporto…

Acaban de llamarme del hospital nacional, el más grande del país, situado acá en la capital. Acaban de informarme que Gisel tuvo un accidente y está inconsciente.

La verdad es que hace dos días, ni bien me llamaron, salí corriendo desconsolado y sin razonamientos, hacia el hospital. Tenía pensado escribir los hechos en presente, pero parece que no voy a poder hacerlo.

Continuando entonces, me llamaron, salí corriendo, llegué corriendo, entré corriendo y desesperado; averigüé en qué sala se encontraba y me metí sin pedir permiso. La vi entubada, sin reacción, repleta de vendajes y heridas superficiales; me acerqué temeroso para darle un abrazo y llorar sobre su pecho, exclamando lamentos culposos y descargando sentimientos inexpresables, pero dos enfermeros, o doctores, o lo que hayan sido, me detuvieron y me sacaron de la sala. Trataron calmarme, pero sin resultado. Entonces, sentí un pinchazo en mi cuello, sobre el lado izquierdo, y perdí fortaleza; tanto que me desvanecí. Desperté en una camilla, atado de pies y manos, aunque ya estaba un poco más tranquilo. Una mujer, que estaba a mi lado, llamó a los dos hombres que me habían reducido y, entre los tres, me comentaron lo sucedido. Trataban de que no me exalte diciendo cosas absurdas como: “ella va a estar bien”, “seguramente se va a recuperar”, “está controlada”. ¡Insensatos! No imaginaron nunca que por dentro mi corazón ardía en sentimientos penosos y furiosos a la vez; que me sentía el ser más despreciable por haberla dejado marchar, a pesar de amarla, y que me sentía terriblemente culpable de lo que había ocurrido. No pudieron contemplar, siquiera, la idea de que ella era todo en mi vida; y no los culpo, pues yo tampoco pude contemplarlo la noche que, básicamente, la eché de mi vida.

Pedí ahora ir a verla y, luego de unos minutos de debate, accedieron. Entré al cuarto y me arrodillé a su lado, lagrimeando y maldiciéndome, mientras hacía peticiones insulsas a un ser superior, para mí inexistente. Después de unos minutos, con ayuda de los enfermeros/doctores, pude reaccionar; entonces, tomé su mano y le dije, aunque no me escuchara, que me perdone, que había sido un imbécil, que la amaba con cada célula de mi cuerpo y que sin ella no podría seguir. Estuve unos minutos contemplando su inactividad, concentrando energía y plegarias ahora en el Universo. Estuve el tiempo que pude, hasta que me sacaron. Decidí volver a casa a descansar, para prepararme e ir de nuevo.

Acá me encuentro ahora, listo para instalarme a su lado hasta que se recupere. Pedí licencia en el trabajo, aunque posiblemente me echen antes de que pueda regresar. No quiero ponerme a reflexionar en cuestiones de vida y muerte, caminos y destinos. No me siento en condiciones de hablar de nada. Esto se ha vuelto un diario personal para mí, en donde puedo volcar mis emociones y descargar mis sentimientos.

Ahora, estando a su lado, recordé otro de los textos del libro. Sabía que el relato que iba a leer fracturaría mi aparente fortaleza, aun así, en un intento suicida, quise leerlo. El mismo se titulaba “Triste agonía esta espera” y decía lo siguiente:

Ansío ver el brillo del sol nuevamente, reflejado en tus tiernos ojos; y sentir la fina sinfonía de tu voz angelical. Ansío sentir el calor que solo tus brazos pueden ofrecerme; y tener certeza de que todo vuelve a ser real.

Triste agonía, hoy me invade y me carcome, apenas respiras y no sé si volverás. Mi angustia crece, junto al ritmo de este tiempo, que me susurra lentamente que te irás.

No hay esperanzas, dicen todos en la sala; es muy difícil que lo puedas superar. ¿Por qué no callan? No entienden que me muero, que no hay más nada si ya no quieres despertar.

No te rindas, te suplico, aunque no puedas escuchar; te necesito más que a nadie en este mundo. No me abandones, no lo puedo soportar; sin ti, mi vida se derrumba en un segundo.

Y pensar que peleamos la última vez que nos vimos; y pensar que dije “vete”, en vez de decir “te quiero”. Me siento un ente que ha borrado su camino; no te rindas, querida mía, aquí te espero.

Me estoy quemando por dentro; necesito verte pronto, no aguanto más tu silencio.”

Y así fue, comencé a llorar desconsoladamente mientras tomaba su mano, tanto que llamé la atención de todos los presentes y los de las salas contiguas. Todos intentaron darme consuelo, pero nadie pudo hacerlo. Mi mente estaba estancada en una idea de pena, levemente esperanzada; esperanza que se desvanecía con cada segundo que pasaba sin que ella reaccionase.

Y así, pasé tres semanas más, instalado en el hospital, viviendo allí, a su lado. Nadie en su familia apareció, a pesar de los numerosos intentos que hicimos de contactarlos. El resto de mi vida había perdido el sentido, solo me quedaba esperar que ella regrese o marcharme con ella.

Tres semanas pasaron, hasta el día en que abrió sus ojos débilmente.

  • ¡Mi vida! ¿Cómo estás?

Su mirada desorientada y perdida se clavó en la mía, y su silencio fue la tecla que activó mi desesperación más profunda.

De pronto, comencé a llamar a los médicos, un poco a los gritos quizás, a lo cual acudieron de inmediato.

  • ¡Despertó! ¡Despertó!

Me pidieron que me retire, pero me negué a hacerlo. Me lo repitieron amablemente (a estas alturas ya nos habíamos hecho amigos), excusando que debían realizarle estudios para analizar los daños, principalmente cerebrales, que pudiese tener. Accedí disconforme a esperar fuera de la sala y, mientras me retiraba, mi mirada y la de Gisel seguían conectadas. Le dije que la vería de inmediato, que regresaría pronto, pero ella no tuvo ninguna especie de respuesta ante mis palabras.

Entonces, dos horas me torturaron, evitándome el paso. Aseguro que no podían entender que la mezcla de felicidad con ansiedad y angustia que tenía me estaba haciendo mucho daño interno; aseguro que no sabían que mi mente estaba a punto de colisionar, por la combinación de emociones incongruentes que me azotaban con potencia elevada. Aseguro que no lo sabían, porque me desvanecí junto a la puerta y perdí la consciencia por ocho indescriptibles horas –Al menos eso es lo que me dijeron-.

Al despertar, un poco desorientado, lo primero que hice inconscientemente fue girar mi cuello hacia la derecha, en donde, por fortuna mía, Gisel se encontraba mirándome. Supongo que fue gentileza de los médicos, el darme ese lugar privilegiado.  Lo siguiente fue intentar comunicarme con ella, una vez más.

  • Hola, mi vida, ¿cómo te sentís?
  • Mareada. Bien.
  • Te pido mil perdones por aquella discusión que tuvimos aquel día, en donde te fuiste. No dudes que te amo y que si te pasaba algo, yo me iba con vos.
  • No recuerdo. No quiero hablar. Solo mirarte.

Entonces, decidí silenciarme ante sus forzosas respuestas entrecortadas y, mirándola fijamente, le sonreí; a lo cual, ella me devolvió la sonrisa, mientras sus pupilas se dilataban y brillaban con gran intensidad.

Cuando los doctores llegaron, al cabo de unos minutos, yo me levanté, les agradecí y les pregunté por la situación de Gisel. Me sacaron de la sala para pasarme el parte: su situación era estable, le iba a llevar mucho tiempo recuperarse, pero iba a estar bien. Me comentaron que debía estar en observación al menos una semana, para asegurarse que no se habían alterado condiciones en ningún sector de su cerebro. Estuve de acuerdo. Luego volví a entrar y retorné al cruce de miradas con mi querido amor, de esa manera continuamos hasta dormirnos, casi al unísono.

La semana pasó, repitiendo esta rutina cada día. Ella se negaba a hablar conmigo y yo la consentía, aunque con los médicos hablaba fluidamente, casi a la perfección.

La noche del octavo día, luego del retorno consciente de mi amada, la directora del hospital se acerca a la sala y me comunica que iban a darle el alta a la mañana siguiente. Mi felicidad fue insuperable, el latido efervescente de mis latidos fueron quemando con más fluidez el oxigeno que circulaba en mis venas. Me dijo también, que necesitaría unas semanas de reposo y cuidados, pero que yo podía dárselos sin problemas fuera del hospital. Finalizó la conversación advirtiéndome que cualquier discordancia mental que pueda surgir, la comunique de inmediato, puesto que, a pesar de no haber encontrado nada en los estudios, el golpe había sido fuerte y no siempre se detectan los daños colaterales. Asentí, aunque no presté demasiada atención, mi entusiasmo por volver con mi elegida a nuestra casa era incalculable.

Esa noche pasó y, a la mañana siguiente, Gisel y yo volveríamos a nuestro hogar.

Si bien, no pasó mucho tiempo físico entre el momento en que ella y yo nos declaramos amor eterno y este instante, la carga emotiva-sentimental que sufrimos y disfrutamos fue de lo más intensa. Si bien, pasaron muchas cosas malas y buenas, hoy lo importante es que ella está viva y en pos de su plena recuperación. Hoy en día, el resto de los detalles de nuestra vida, resultan insignificantes, pasando a un tercer plano. Más adelante, se definirá nuestro futuro, ahora importa el presente. Lo único positivo que saco de lo sucedido, es que abrí los ojos y comprendí que, a pesar de cualquier aspecto, sin ella no puedo vivir.

Quemando etapas – Capítulo 1- Ámame si puedes. Segunda parte de la novela Ámame si quieres

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Conozco bien

Historia poética

Conozco bien

Nunca voy a presionarla, comprendo cuáles son las bases de sus dudas y las causas de sus caprichos. Conozco bien lo que se siente ver derrumbarse tu mundo y quedar colgado, casi flotando, en un hilo de esperanzas difusas.

¿Cómo voy a juzgarla? Sí sus ojos tristes me piden perdón cada vez que se enfada o me rechaza; si sus labios luchan terriblemente para arquearse hacia arriba, cuando una angustia fatigante tira de sus extremos hacia el suelo.

Conozco a flor de piel el sentimiento de miseria que se apodera de tu mente cuando se mira hacia adelante anhelando en cada paso aquello que ha quedado sepultado en el pasado. Sé cómo se siente acumular las cargas, guardar las lágrimas, comprimir las penas; y dejar que todo explote cada tanto, cuando se encuentra uno frente a la soledad más amarga.
No pretendo que ella me quiera como me gustaría, ni espero que se comporte de alguna manera en particular; aunque sí que deseo verla brillar y pienso acompañarla hasta que lo logre.
Estoy seguro de que el sol va a volver a salir en su corazón y, aunque emparchado, va a relucir de nuevo su alma.

¿Por qué voy a juzgarla? Sí cuando tu vida se desflagra, el camino más sencillo es la rendición; y ella eligió seguir luchando, avanzando a los tropiezos, pero siempre intentando estar mejor. Entiendo de momentos horrorosos, de cicatrices imborrables y de daños permanentes. He vivido el sentimiento de nadar a contracorriente, aún cuando parte de tu mente quiere detenerse y abandonar.

La quiero libre y feliz

Sé lo cruel que puede ser la existencia, cargando penas lastimosas en nuestro interior. Entonces, ¿Cómo no voy a estar para tenderle una mano y darle un abrazo? ¿Cómo no regalarle mis oídos para que descargue y mis hombros para que no termine de desmoronarse? ¿Cómo no voy a quererla con más intensidad en sus momentos más caóticos? Yo no necesito ser la luz de sus ojos, ni el motivo de sus sonrisas; lo único que necesito de ella es que vuelva a confiar en que no está perdida su felicidad. Ella va a salir de esta crisis existencial y va a tener diez momentos de alegría por cada uno de tristeza que ha tenido que aguantar.

¿Qué puedo pedirle? Sí entiendo que hace lo que puede y eso, el intento de avanzar a pesar de los golpes, ya es demasiado. La acepto y la quiero tal como es, con sus heridas al descubierto y sus alternancias emocionales. No hay nada más perfecto que aquello que es honesto, que se figura sin caretas ni empapelados, que aquello que se asume imperfecto. Me gusta que sea real, que reviente de bronca cuando algo le molesta y que muera a carcajadas cuando algo le hace mucha gracia. No pretendo cambiar nada en su comportamiento y mucho menos en su personalidad; solo intento reducir las causas que le hacen daño, aumentando los motivos que le ayuden a sonreír. Esa es la misión que me he propuesto y no voy a detenerme, siempre respetando su voluntad y libertad, hasta que esté cumplida.

 

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Tu Partida

ASÍ ME DEJÓ TU PARTIDA

partida

Recuerdos desfragmentados vagando en mi mente;
inertes mis pensamientos se desorientan;
retazos de sueños que intentan recomponerse;
varado en la incertidumbre de mi pasado.
Así, sin poder afirmar ni negar mi existencia;
con una demencia inconclusa que me amenaza;
partida quedó mi coraza, manchada mi esencia;
perdido en la oscuridad de lo arrebatado.

En mares de desconfianza, quedé navegando;
a la deriva mis emociones buscan consuelo;
hay un recelo oculto que sigue aflorando;
tendido más abajo que el suelo, estoy arruinado.

Así me dejó tu silencio, cometa de tu partida,
mitigadas mis ilusiones con tu gélida despedida;
amarrada a tu ausencia quedó mi vida,
dejaste las más tristes huellas, vacío y miles de heridas.

Ocasos que ya no se ponen con tanta belleza
y aromas que ya no se sienten tan agradables;
deplorables se tornaron las canciones más asombrosas,
desastrosas todas mis noches sin tu nobleza.

Sonrisas que ya no impulsan felicidades,
males que, siendo menores, se vuelven letales;
fatales quedaron mis días, mortales mis agonías,
ya no encuentro motivos, carezco de tu alegría.

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Sin embargo elijo verte reír

SIN EMBARGO ELIJO VERTE REÍR

reír

Sin embargo, acá estoy, pensando en vos;
y las estrellas se desintegran, trazando tu rostro.
La soledad ya no desespera, pero algo mi ser aún te espera;
quisiera volver a ser a uno, unidos los dos.

Y a pesar de que te solté, te estoy reclamando,
porque mi alma se desorienta si no estás conmigo;
el fuego ya no me quema, el frío no me congela,
las velas de nuestro destino, están titilando.

Aunque perdí el privilegio de despertar y verte reír,
por más que ya no me blanda tu asombrosa mirada;
mi mente te busca extasiada, casi diría exaltada,
es que a mis labios le faltan los tuyos para poder sonreír.

Sé que fui yo quien liberó tu mano, pero ahora te extraño;
y cada sector animado en mi interior te necesita.
Mi corazón, si escucha tu nombre, más fuerte palpita;
Jamás comprendí que sin vos la vida hace daño.

Sin embargo, acá me encuentro, anhelando tu esencia;
recordando lo feliz que me hacía tenerte en mis brazos;
añorando que, aunque se rompió, se una otra vez nuestro lazo;
te pido perdón por este fracaso, mi amor aún sigue en vigencia.

Tengo calma porque ahora volás en libertad,
comprendí que debías experimentar algo nuevo;
entendí que no podía ser el único afortunado en el juego,
lo que realmente quiero es que encuentres felicidad.

Puede que te haya perdido;
sin embargo, elijo verte reír.

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